Jennifer tiene un talento innato para hacer de sus novelas algo adictivo. Mientras las lees no puedes dejarlas, ni un momento, y al terminar sientes la necesidad de seguir leyendo, hacerte con el siguiente de la saga en seguida y mantener ese frenético ritmo de lectura.
Eso es lo que me ha pasado a mí con White Hot Kiss, esta historia sobre gárgolas y demonios enfrentados, pero que casualmente tienen algo en común que tiene que ver con Lyla, nuestra protagonista. Lyla es hija de un demonio y una gárgola y es por eso que siente como si no encajara en ningún sitio. Además están esos poderes que le impiden besar al chico que le gusta, porque si lo hace absorberá su alma. Entonces aparece Roth, un demonio que dice estar dispuesto a protegerla por encargo. Y hay otra cosa, los demonios no tienen alma.
Siento que ya voy conociendo cada vez más el estilo de la autora, que voy apreciando esos puntos comunes entre sus historias y su forma de narrarlas, y ciertamente, me gusta.